
Fue como un sueño, como una historia que empezaba y terminaba en su mente, en esos momentos en que la realidad quedaba en un segundo plano, cuando los deseos se hacían presentes y dominaban sus sentidos.
Se dejó llevar; los sabores, los colores, las sensaciones que ello provocaba... podía mezclar los sentidos y congelarse del éxtasis, estallando por dentro, gritando por fuera.
Y en su refugio, detenerse. Disfrutarlo. Sentirse parte de ese amplio espacio que contenía su feliz humanidad, luego de devolverle el aliento. De saborear tu aliento. En la espera. Respirando. Respirándolo. Respirándose.
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