El cansancio muchas veces tiene rostro
tiene un timbre de voz
tiene un brillo en los ojos
a veces, tiene brazos y abrazos.
Agotada en sabores salados
y de los gustitos dulces
del calorcito de la frazada heredada
del pestañeo al despertar.
Paralizado el cuerpo de entumecerse
de quedarse firme golpe tras golpe
de buscar resquicios en rocas
de quebrar la tierra para enterrarme.
Insensible al tacto
y a las risas contagiosas
respira chiquito, no se expande
como frenada a la existencia.
El piloto automático sucede
no se desea, no se alaba
simplemente se resiste a caer
mientras se sigue así, cansada.