que toda mi ropa adoptó con tu abrazo.
Ese perfume árabe
comprado en un super chino
de esta cuidad de serranía.
La estela de tu visita nocturna
presente en cada pliegue descuidado
de las sábanas blancas,
de las tres almohadas,
de mis rulos revueltos
de mi piel.
Esa presencia insistente de vos
me pasea por recuerdos,
me hace vibrar la experiencia.
Sonreír como ayer, bien amplio
ese aroma que te acompaña
en cada arrumaco compartido.
Tan tuyo, tan definido
incluso su sabor cítrico en mi lengua,
y en las risas cómplices,
en el frio que alejamos,
mis rulos en tus dedos,
en tu piel.
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