Tengo escritura poética, digo las cosas de forma surrealista y objetiva, pongo el corazón, las tripas, la cabeza sobre la mesa y me permito experimentar estímulos, propios y ajenos, para ver cuanto aguanta el cuero y observar tu reacción orgánica.
Estoy acostumbrada a que la energía pase por mi cuerpo y lo que asimilo sea analizado, una parte por la mente pero el gran resto tiene que ser aprobado, verificado, sentido por el pecho, las extremidades, las cosquillas en los dedos.
Eso que me da la tierra y promueve el impulso de mi boca en el grito, que me sienta, me escribe, me textualiza, me plasma completa, te leo lo que soy.
Fluye calor, color, esperanza. Rios de escalofríos y risas, volar onírico y ritmo vital.
Todo esto se incrementó.
Atenta me tiene la vida, despierta, acelerada, acorde al cambio.
Atenta me tiene lo que me rodea.
Atenta me tiene el cuerpo. Los cuerpos.
Absorbo esencias, intercambio fuerzas, retengo, me entrego.
Tengo escritura poética, necesaria, vomitiva, catártica.
Catarsis poética del vómito escrito, necesario.

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