No me busques, no me llames, no me espíes por el escondrijo de las paredes, no pretendas saberlo todo: de mi, de la vida, lo que siento, lo que odio…
No pierdas tiempo indagando razones para lo inevitable; era cantada mi renuncia a ti, era proféticamente conocida mi reacción ante tus actos.
Superemos lo sucedido, abramos nuevos caminos, pero sin noticiar absolutamente nada de ninguno, sin acontecer en la vida del otro como fantasma del pasado que recuerda y duele.
Mucha sangre contuvo mi cuerpo al momento de perderte, muchas lagrimas desperdició mi rostro sin recuperar tu amor y hoy, es tarde…mi corazón-piedra no deja ingresar las excusas de tu lástima, mi alma acostumbrada y desilusionada niega el retorno, el abrazo, la charla, el “de nuevo”.
No quiere volver a vos...
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